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Perú entre dos economías ilícitas: narcotráfico e ilegal minería de oro
Este panorama coloca al país frente a nuevos retos en términos de política criminal, control territorial y lucha contra la corrupción.
Este panorama coloca al país frente a nuevos retos en términos de política criminal, control territorial y lucha contra la corrupción./ Foto: cortesía
En los últimos años, el fenómeno del narcotráfico en Perú, tradicionalmente invisibilizado por autoridades y medios, ha vuelto al centro del debate nacional, pero con una nueva lectura: ¿está siendo superado por la expansión de la minería ilegal de oro? Según un análisis publicado en El Búho, este cambio de narrativa ha marcado la forma como se entiende hoy el crimen organizado en el país.
Históricamente, el narcotráfico se combatió como un problema policial, erradicación de plantíos de coca, destrucción de laboratorios clandestinos o pistas de aterrizaje, sin abordar su influencia económica y política profunda. El artículo recuerda que grupos vinculados con el narcotráfico financiaron campañas presidenciales y regionales desde los años ochenta, llegando incluso a ocupar cargos políticos o cooptar partidos en las últimas décadas.
Sin embargo, el auge del precio del oro y la expansión de la minería ilegal desde finales de 2023 hasta 2025 han llevado a sectores empresariales y comunicadores a presentar a esta última como la actividad ilícita de mayor impacto económico, afirmando que mueve más recursos que el narcotráfico. Datos oficiales de la Unidad de Inteligencia Financiera señalaron que en 2023 la minería ilegal del oro alcanzó unos 10 mil millones de dólares, frente a 4,742 millones del tráfico ilícito de drogas, y que para 2025 el oro ilegal habría ascendido incluso más, consolidando su crecimiento.
Este enfoque ha generado un debate entre expertos y autoridades. El excoordinador de las fiscalías de lavado de activos, Mirko Cano, afirmó recientemente que “Perú era exportador de drogas y hoy es exportador de minería ilegal”, lo que ha sido interpretado como una señal de que el crimen organizado se estaría reconfigurando hacia actividades vinculadas al oro por su mayor rentabilidad y menor control estatal.
Pese a estas interpretaciones, el análisis subraya que el narcotráfico no ha desaparecido ni dejado de ser exportador de cocaína y pasta base hacia mercados internacionales; Perú sigue siendo uno de los principales productores mundiales de cocaína, con cerca de 95 mil hectáreas cultivadas en 2024 y una producción estimada de casi 950 toneladas. El auge de la minería ilegal, por tanto, no sustituye al narcotráfico, sino que convive y compite con él, formando parte de un complejo entramado del crimen organizado que desafía a las instituciones peruanas.
Este panorama coloca al país frente a nuevos retos en términos de política criminal, control territorial y lucha contra la corrupción, pues tanto la minería ilegal como el narcotráfico han permeado distintas esferas del poder, la economía y la vida social peruana.
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