Economía
El sector camaronero busca reducir su dependencia del quiste de artemia
Ecuador aún debe importar 700 toneladas anuales de materia prima desde EE.UU. y Rusia
Actualmente, su cultivo se concentra en zonas hipersalinas de la provincia de Santa Elena, como Pacoa y Mar Bravo / Foto: cortesía
Guayaquil- La producción de artemia se ha vuelto indispensable para las etapas iniciales del camarón en Ecuador. Sin embargo, detrás de este insumo clave existe una paradoja: mientras la biomasa se cultiva con éxito en Santa Elena, el país mantiene una dependencia total de la importación de quistes (huevecillos) para iniciar el ciclo productivo.
En un reportaje de Vistazo señala que este crustáceo es el alimento base en las fases de zoea y mysis. Actualmente, su cultivo se concentra en zonas hipersalinas de la provincia de Santa Elena, como Pacoa y Mar Bravo, donde el ecosistema favorece el crecimiento de la biomasa, pero no ofrece las condiciones para el desarrollo natural de quistes a escala industrial.
La brecha entre producir biomasa y producir quistes es amplia. Según Stanislaus Sonnenholzner, director del CENAIM–ESPOL, la obtención controlada de quistes exige procesos técnicos complejos y entornos específicos que solo se encuentran en lugares como el Gran Lago Salado (EE.UU.) o lagos hipersalinos en Rusia. Por ello, Ecuador se ve obligado a importar cerca de 700 toneladas anuales de este insumo.
Pese a esta limitación, la artemia viva sigue ganando terreno frente a los alimentos procesados. Su valor nutricional es imbatible, con un aporte de proteína de entre el 55 % y 65 %, además de su versatilidad para ser "enriquecida" con probióticos, vitaminas y ácidos grasos antes de ser entregada a las larvas.
La industria local no se ha quedado de brazos cruzados. Empresas como Agripac han invertido en infraestructura especializada en Santa Elena, logrando una capacidad de producción de siete toneladas mensuales de nauplios de artemia viva para abastecer a los laboratorios larvícolas.
No obstante, el mercado está mutando. En los últimos años, la demanda de quistes por millón de larvas ha bajado debido a la eficiencia de las nuevas dietas. Los laboratorios ahora optimizan costos mezclando microalgas de alta calidad, artemia viva y alimentos formulados de alta digestibilidad.
Por otro lado, la llegada de firmas internacionales como I&V-BIO ha introducido la "suspensión metabólica". Esta tecnología permite mantener a la artemia viva pero "pausada", facilitando su transporte sin que pierda propiedades nutricionales ni comprometa la bioseguridad del cultivo.
Si bien la producción de biomasa en Santa Elena cubre la demanda interna para la alimentación en los laboratorios, la dependencia del mercado exterior para obtener el quiste sigue siendo un factor estructural de riesgo.
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